En la última edición de su periódico, el MST-1 nos acusa de capitular ante el sionismo, nada menos. Dice textualmente: “Frente a esta realidad, la política de los revolucionarios no puede ser otra que plantear ¡Abajo el estado racista y colonial de Israel! Es lo que no hace el PO, que llena páginas con ‘grandes’ análisis sobre economía, estrategia, geopolítica, y un discurso violentamente antisionista para esconder una verdadera claudicación al sionismo” (Alternativa Socialista, 10/8).
¿Es así, 'capitulamos' o más bien lo contrario?
En la guerra reciente, la agenda de Hezbollah y de las masas que se manifestaron en todo el mundo planteaba el retiro de Israel de Líbano, Gaza y Cisjordania y el canje de los soldados capturados por la guerrilla por los presos libaneses y palestinos que se encuentran en las cárceles sionistas, incluido el gabinete de Hamas. La victoria completa y real en esta lucha consistía en la realización de estos objetivos. Luego de la derrota de la agresión sionista, esta agenda está más que nunca a la orden del día, aunque habría que agregarle algo fundamental, que es la destrucción del muro construido por el estado sionista. Cuando el líder de Hezbollah menciona la “victoria histórica y estratégica” que han obtenido, se refiere a la posibilidad de realizar esa agenda. La realización completa y real de esta agenda sería un golpe histórico contra el Estado sionista.
Si esta era la agenda de Hezbollah y de todas las masas envueltas en la lucha, ¿quién planteó, en cambio, que en la agenda de la guerra (pues de esto se trata, la agenda de esta guerra) era otra, a saber, la destrucción del Estado de Israel? Los que metieron esa agenda fueron Bush y el gobierno sionista, que desde el comienzo justificaron la agresión criminal del Estado sionista como un acto de defensa contra un intento de destruir ese Estado. El tema de la destrucción del Estado de Israel fue planteado por el imperialismo con el carácter de una provocación. El MST-AS, que es incapaz de “analizar”, no importa si en forma ‘grande’ o pequeña la realidad histórica que nos toca vivir, entró en esa provocación. El MST-AS, que se derechiza de hora en hora a medida que se disgrega, encuentra la ocasión de ‘radicalizarse’ cuando los acontecimientos no lo comprometen, sin importarle si sirve a la provocación del imperialismo.
Otra cosa fundamental es que el Partido Obrero, que nunca abandonó el punto de vista de la incompatibilidad de la autodeterminación nacional palestina con la existencia del Estado sionista, a diferencia del MST no se “inventó” sus propios objetivos para una guerra que libraban otros. Apoyó incondicionalmente los objetivos revolucionarios nacionales por los cuales estaban luchando, en la práctica, la nación libanesa, el pueblo palestino y el Hezbollah. En ningún momento de esta lucha armada el PO formuló algún planteo que no fuera consistente con el objetivo estratégico de la destrucción del Estado de Israel y del establecimiento de un Estado palestino único, laico y democrático. Al contrario, las consignas que defendió el PO durante la guerra son un puente, una transición, hacia objetivos superiores. No es lo que ocurre con el MST-AS, que en el curso de su trayectoria política compró (como mostraremos en este artículo) todas las porquerías que ofrecieron el Estado sionista y el imperialismo.
Por otra parte, después de un mes de combate, el Estado de Israel no pudo imponer ninguno de los objetivos por los que fue a la guerra; Hezbollah, en cambio, le hizo morder el polvo de la derrota, política y militar, al cuarto ejército más poderoso del mundo. La guerra terminó provisionalmente con una victoria de Hezbollah y una derrota del sionismo. Incluso más: ha revertido la larga etapa de derrotas de las masas árabes, lo cual cambia, por lo menos, las perspectivas en Medio Oriente y en Gaza. Esto es innegable y es percibido de esta manera a ambos lados de la frontera: mientras las masas libanesas retornan en masa y eufóricas a sus hogares destruidos, ondeando banderas amarillas de Hezbollah, el régimen sionista ha entrado en una enorme crisis política.
El MST-AS debería concluir, sin embargo, que la guerra concluyó en un fracaso ya que no logró destruir al “Estado racista y colonial de Israel”, y debería denunciar a Hezbollah, como lo hace el PTS (que tiene las mismas malformaciones genéticas del MST), acusándolo, claro que sin sombra de fundamento, de haber ido a la lucha armada con una línea política de entendimiento con Israel. Son precisamente Bush y Olmert los que aseguran ahora que ganaron la partida, porque el Estado de Israel está a salvo.
La victoria de Hezbollah abrió un nuevo cuadro en Medio Oriente, que permite una lucha más amplia de las masas árabes contra el Estado sionista. Abrió nuevas y mejores condiciones para luchar por la liberación de los presos políticos palestinos, por la liberación del gobierno y los diputados de Hamas secuestrados, por el derribamiento del muro del apartheid, por el retiro de las colonias, y por el cese del bloqueo sobre Gaza. Es decir, ha puesto a la orden del día una agenda de las masas árabes de carácter transicional, cuyo objetivo estratégico no se limita históricamente a la destrucción de la entidad sionista y el establecimiento de un Estado palestino único, laico y democrático, sino a la destrucción de todos los Estados capitalistas árabes clientes del imperialismo. O sea la unidad socialista de todo el Medio Oriente.
Truchos
La acusación al PO de “capitular ante el sionismo” proviene (el lector ya lo debe haber sospechado) de una corriente que durante treinta años defendió la existencia del Estado de Israel. Más precisamente: de una corriente que habla de la “destrucción del Estado de Israel” los días feriados, pero que defiende su existencia cada vez que está en discusión, realmente, su derecho histórico.
A fines de 1973, el periódico de la corriente morenista (antecedente del MST), informaba que “en términos aproximados, la posición que sostuvimos cuando la guerra de los seis días de 1967” fue “invitar a los compañeros árabes a apoyar el derecho del pueblo judío a tener su propio Estado” (Avanzada Socialista, 24/10/73). En este breve óbito, los papás del actual MST resumían toda su posición histórica.
Esta ha sido, desde 1948, la posición del Secretariado (llamado ‘pablista’) de la IV Internacional, de la cual la corriente morenista formó parte hasta 1953 y a la cual retornó a fines de los años '60. El principal dirigente de este Secretariado, en Israel, escribía, en 1972, que “la organización socialista israelí (sic) piensa que la verdadera solución del problema palestino necesita el reconocimiento del derecho de la nación judía a la autodeterminación” (Nathan Weinstock, El sionismo contra Israel).
En octubre de 1973, un cuarto de siglo más tarde y luego de la guerra llamada de Yom Kippur, el morenismo informaba que “la dirección de nuestro partido ha rediscutido y revisado esta posición (...) entendemos que lo más correcto es apoyar la creación —en el territorio que hoy ocupa el estado sionista– de un único estado palestino, laico, no racista, con amplios derechos democráticos para todos sus habitantes...” (Avanzada Socialista, 24/10/73). Es decir que, al cabo de un cuarto de siglo, el morenismo había llegado a la conclusión de que estaba ‘pifiado’. ¡Pero ni siquiera aquí menciona la des-truc-ción, sólo se limita a expresar un punto de vista favorable a un Estado único.
La “revisión”, sin embargo, no pasó la prueba de los acontecimientos, como se comprobó cuando apoyaron los acuerdos de Oslo, en 1993, firmados por Arafat y Rabin. Esos acuerdos establecieron una ficción de Estado Palestino (sin ningún atributo de soberanía, bajo el directo control político, militar y económico de un Estado de Israel armado hasta los dientes) y desconocieron el derecho al retorno de los palestinos expulsados de su territorio. Arafat fue habilitado por el sionismo y el imperialismo estadounidense para firmar estos acuerdos, para permitirle usurpar la autoridad de las asambleas populares que dirigieron la Intifada y que habían electo sus representantes para una reunión internacional que había tenido lugar en Madrid dos años antes.
Ante los acuerdos de Oslo, el MST realizó una verdadera proeza. Al mismo tiempo que los consideraba “una trampa para los palestinos” (Semanario Socialista, 18/5/94), los caracterizaba como "un triunfo parcial de la Intifada" (ídem). Ojo: el retiro de Gaza, no la destrucción del Estado de Israel. ¡Pero en esos acuerdos Arafat reconoció definitivamente a ese Estado que el MST dice 'querer' destruir! Pero la retirada era la consecuencia de los acuerdos de Oslo, de modo que un “triunfo parcial de la Intifada” había llevado al reconocimiento de Israel y a la pseudocreación de un Estado ficticio en los límites, recortados además, de Gaza y Cisjordania. Más todavía, llegó a afirmar ese “triunfo parcial (…) puede ser aprovechado por los luchadores palestinos (…) para seguir luchando por el objetivo histórico de la destrucción del Estado sionista” (ídem). Por esa razón, el MST jamás rechazó los acuerdos de Oslo. El MST-AS reivindica la destrucción del sionismo pero 'escucha ofertas'.
El colmo de la desfachatez de estos “campeones del antisionismo” es el acuerdo electoral que establecieron, en 2000, para llevar como candidato a vicejefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires a Herman Schiller, un representante ideológico y un activista político del sionismo.
Esta es la historia, documentada y fehaciente, de una corriente política sin principios.