Entre sus muchas debilidades, la larga carta del Profesor Marchini (ver Prensa Obrera, 29/12) tiene una mortal: no hace una sola mención al cierre del 40% de los nodos de trueque ni a la caída del número de sus participantes de un millón a quinientos mil, ni a la hiperinflación, del orden del 20/25.000%, que llevó el precio de una botella de aceite de 6 a 2.500 "créditos" en pocos meses.
El Profesor Marchini pasa por alto nada menos que el proceso vivo del trueque y, fundamentalmente, la fenomenal confiscación hiperinflacionaria de la cual fueron víctimas los trabajadores que participan en el trueque. Frente a esta confiscación, Marchini elige el silencio.
Esta omisión, por sí misma, deja sin sustento todas sus argumentaciones por una razón muy sencilla: a la luz de los resultados prácticos es posible apreciar la calidad de las caracterizaciones y los pronósticos contradictorios formulados con anterioridad por el PO y por el Profesor Marchini. El PO anticipó las características expropiatorias que podría adquirir el trueque a partir del hecho de que se trata de una economía mercantil basada en una moneda, el "crédito", emitida sin control y que, por lo tanto, debía reproducir las lacras de toda economía mercantil. El Profesor insiste en sus críticas al PO... sin darse cuenta de que es la realidad la que ha desmentido sus pronósticos y caracterizaciones.
"Ignorancia o mala fe"
Marchini nos acusa de realizar "falsas generalizaciones sobre la manipulación y el control de la emisión de créditos". Pregunta: ¿cuál es la causa de la hiperinflación en el trueque? Respuesta: la emisión descontrolada de "créditos". Por la envergadura de esa hiperinflación (20/25.000% y en algunos productos hasta 50.000%), la emisión trucha y descontrolada tiene dimensiones colosales. Según Clarín (17/10), "alcanzó en la mayoría de los nodos al 90% del circulante".
Marchini reconoce ahora lo que antes negaba. Dice que "la Red Global de Trueque (...) contó con el aval de los caudillos peronistas" y en ella se desarrollaban "prácticas de emisión, corrupción y clientelismo político"... que es exactamente lo que Miguel Vittone denunciaba en su artículo de marzo del año pasado. No está de más recordar que entonces un indignado Profesor Marchini atacó a Vittone argumentando que "el hecho de que punteros, oportunistas, especuladores, mafiosos quieran intervenir y controlar organizaciones de masas no califica por sí mismas la condición, perspectivas y necesidad de las mismas" (Prensa Obrera, 18/4).
Todo esto revela que Marchini era plenamente conciente de que había zorros rondando el gallinero... lo que no le impidió criticarnos porque nosotros sí denunciamos a los zorros. En castellano, esto es encubrimiento. El Profesor Marchini es un "encubridor intelectual". Repetimos: ¿quién tenía razón, el Profesor o el piquetero?
"No conozco si por razones de ignorancia o directa mala fe", Marchini nos acusa de "falsas generalizaciones" y de no distinguir entre dos redes de trueque, la "Red Global del Trueque" y la "Red del Trueque Solidario". Pero el artículo que critica dice, textualmente, que "la llamada ‘Red Global del Trueque’ no era más que un circuito mercantil basado en una moneda-basura..." (Prensa Obrera , 21/11). ¿De quién es la ignorancia, la mala fe o la simple incapacidad de leer?
Deshonestidad política e intelectual
El Profesor Marchini califica al trueque como "un intercambio directo y solidario" y lo identifica con "un universo de acciones y emprendimientos (como) la construcción de viviendas obreras gracias al esfuerzo compartido y las actividades de cooperadoras escolares, cooperativas de trabajo, sociedades de fomento, clubes de barrio, salas de primeros auxilios, bibliotecas populares, muchísimas ferias comunales y clubes de trueque y, por supuesto, la organización esforzada de militantes y activistas para la construcción de partidos de izquierda ÿincluido el POÿ y la del propio movimiento piquetero".
Esto es falso. El trueque no es un intercambio directo sino que está mediatizado por el dinero propio de ese circuito mercantil (el "crédito"). Los participantes no intercambian directamente sus productos entre sí sino que los cambian por "créditos", que dentro del circuito del trueque cumplen funciones propias del dinero como medida de valor y medio de circulación; incluso, el crecimiento del trueque planteó que los "créditos" cumplieran el papel de medio de pago y que hasta se desarrollara la modalidad de préstamos en "créditos" y de arbitraje entre "créditos", pesos y los diversos bonos que circulan en Argentina (lo que supone la existencia de verdaderas "entidades financieras" dentro del trueque). No existe nada similar en el resto de las "acciones y emprendimientos" que menciona Marchini; se trata de una diferencia sustancial que no se le puede "escapar" a un economista.
Comparemos con uno de los comedores piqueteros del Polo Obrero, a los que Marchini pone en la misma bolsa que el trueque. El comedor piquetero no reproduce la economía mercantil; obtiene sus recursos por medio de la movilización política. Esto requiere de la organización propia e independiente de los trabajadores en una lucha común. El trueque no organiza a los trabajadores; los enfrenta a unos con otros como consumidores y productores individuales. En el comedor y en el movimiento piquetero domina la deliberación democrática y la acción común; en el trueque dominan las leyes del mercado. El Profesor Marchini no logra discernir entre una organización mercantil desarrollada con el apoyo de una parte del aparato estatal y una organización obrera que se sostiene por medio de la lucha contra ese Estado; su carácter de clase ÿalgo que debería interesar a alguien de izquierda, economista o noÿ es radicalmente opuesto.
Con esta identificación del trueque con otras "acciones y emprendimientos", Marchini emprende un acto de deshonestidad intelectual y política (tampoco aquí se trata de un "epíteto", una "difamación" o un "improperio" sino de una caracterización política). El Profesor afirma que el PO tiene una "posición tan terminantemente despectiva contra iniciativas de emergencia que millones de familias encaran con dignidad para mantener su hogar (cartoneros, huertas comunitarias, comedores barriales, etc.)". ¡Cómo se puede mentir con tanta ligereza! ¡Cómo se puede difamar así a un partido que defendió, y defiende, a muerte a los cartoneros ÿtanto en la movilización callejera como en la Legislaturaÿ, como simplemente podría verlo Marchini en las páginas de nuestro periódico! ¡Cómo se puede insultar tan impunemente a los miles de compañeros del Polo Obrero que organizan huertas comunitarias y mantienen varios cientos (¡sí, varios cientos!) de comedores y merenderos en todo el país, en los que comen decenas de miles de desocupados.
El PO no "desprecia" ninguna iniciativa de las masas para hacer frente a la barbarie capitalista, por elemental que sea; las defiende siempre que puedan ser una vía de organización, señalando al mismo tiempo que la perspectiva estratégica del movimiento en su conjunto debe ser la superación histórica del capitalismo. El PO tampoco "desprecia" al trueque; lo critica (no a los trabajadores que participan en él) porque no es una iniciativa de las masas sino de un sector del régimen político; no es una vía para su organización para enfrentar al régimen político de los explotadores sino una herramienta de ese régimen contra la organización independiente (y al mismo tiempo, como tal, es una herramienta de confiscación económica de los trabajadores que participan en él).
Explotación
El Profesor Marchini pierde los estribos cuando denunciamos la "brutal explotación de la fuerza de trabajo" en el trueque. Pero aquí también el Profesor retrocede cuando ahora reconoce lo que Vittone denunció hace casi un año: "la medición ÿy por supuesto el acceso al dineroÿ son fundamentales cuando existen relaciones de mercado y deben obtenerse productos que solamente son accesibles por el mismo (ejemplo: aceite y vino)". Es decir, que cuando se trata de comprar aceite, que se cotiza a 2.500 "créditos", el equivalente a 250 horas de clase de una profesora de idiomas (15 "créditos" la hora y media de clase), hay explotación del trabajo en beneficio de los comerciantes que introducen esos productos en el trueque. ¡Ni aceite, ni harina, ni huevos, ni fideos, ni arroz! Marchini debe reconocer que para resolver el problema central que afecta a millones de trabajadores, el del hambre, el trueque no sirve. Mucho antes que Marchini, medio millón de trabajadores abandonaron el trueque y, de paso, confirmaron la caracterización del PO.
Pero Marchini insiste: "¿Pero qué trabajo excedentario, plusvalor o brutal explotación existe si el herrero hace una reparación al profesor a cambio de que éste brinde clases a su hijo?" En el trueque, el herrero no cambia su fuerza de trabajo por la de la profesora; la cambia por "créditos" con los cuales compra la fuerza de trabajo de esa profesora. En estos intercambios, los "créditos" juegan la función de equivalente general según la siguiente ecuación: 1 hora de trabajo del herrero = 2 horas de trabajo de la profesora = 0,012 litros de aceite = 175 gramos de jabón = 20 créditos (los cálculos han sido realizados según los valores dados por los propios protagonistas, el herrero y la profesora de idiomas, en Ambito Financiero, 6/9). En resumen, lo que el profesor Marchini quiere saber es ¿"qué trabajo excedentario, plusvalor o brutal explotación" hay en el intercambio de estas dos fuerzas de trabajo igualmente desvalorizadas? ¿Está jodiendo, Profesor?
Que la fuerza de trabajo del herrero no se cambie por aceite sino por la fuerza de trabajo de la profesora no altera el hecho fundamental de que el equivalente general de ambas son los "créditos" y que el valor de esa fuerza de trabajo expresado en "créditos" está violentamente desvalorizado. La profesora no explota al herrero ni el herrero explota a la profesora; ambos son explotados por los que manejan las ruedas del trueque, emiten arbitrariamente su moneda, introducen especulativamente aceite y vino y obtienen una ganancia descomunal de todos estos "emprendimientos e intercambios".
Pero supongamos ahora que el herrero y la profesora intercambiaran sus fuerzas de trabajo en forma directa (sin mediación monetaria, es decir, fuera del trueque). Para Marchini, aquí no hay explotación. Pero ¿en qué proporciones cambian sus respectivas fuerzas de trabajo? Estas proporciones están socialmente determinadas: que el herrero y la profesora las intercambien directamente no significa que sus fuerzas de trabajo dejen de ser mercancías y que su valor esté determinado, como el de todas las mercancías, por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla. Pero la sociedad que determina de esta manera el valor de la fuerza de trabajo del herrero y de la profesora no es otra que la sociedad capitalista. Otra vez, la profesora no explota al herrero ni el herrero explota a la profesora; ambos son explotados porque las proporciones de su intercambio están determinadas por la ley del valor, que es la norma de funcionamiento de la sociedad capitalista y cuyo funcionamiento presupone la explotación del trabajo ajeno.
¿Quién es el frenapista?
Sin otra justificación que sus propios prejuicios y amalgamas, el Profesor Marchini insiste en que el PO ÿpor criticar al truequeÿ "sigue reproduciendo las posiciones del Frenapo y de todas las vertientes keynesianas en general (incluidos Duhalde y la Iglesia)".
Que nosotros sepamos, hay miembros del Frenapo en el EDI; no en el Partido Obrero. Que nosotros sepamos es el EDI el que reproduce en su programa la consigna frenapista del "seguro de empleo" (no de desempleo) que el PO ha criticado de manera sistemática desde su formulación por la Cta.
Pero como el tero, el Profesor Marchini pega el grito en un lado para poner los huevos en otro. Acusa al PO de "frenapista" para afirmar que la "desestructuración gravísima del capitalismo que amenaza la disolución productiva y social (...) requiere alternativas y emprendimientos de emergencia de organización, alivio, reinserción y apoyo educativo, cultural y social basados en la iniciativa y el trabajo de los propios afectados". Ciertamente, hemos leído muchas cosas del EDI pero ninguna donde se señalara de manera tan clara y contundente que la salida frente a la crisis capitalista no es la revolución social ni la reorganización de la sociedad sobre nuevas bases sociales. Para Marchini, la crisis capitalista no plantea la necesidad de la monopolización del comercio exterior y de la banca bajo el control obrero, la extensión del control obrero a toda la industria y el comercio, el establecimiento de una centralización económica sobre la base de un plan democráticamente discutido entre los trabajadores, en definitiva, el poder político de la clase obrera; para Marchini, lo que plantea la crisis capitalista es... el trueque y, por sobre todo, el "trabajo de los propios afectados".
Profesor Marchini, el PO no plantea el "redistribucionismo" sino la revolución social como vía para proceder a una completa reorganización política y social que siente las bases a un nuevo desarrollo de las fuerzas productivas, completamente atenazadas por la dominación social del capital. Y no sólo en Argentina sino internacionalmente. Es aquí donde radica la diferencia esencial.
El revolucionario ve en la crisis la expresión irrefutable del agotamiento histórico del capitalismo y lucha por organizar a la clase obrera para derrocar la dominación social del capitalismo. Marchini no es un revolucionario; para él, como para toda la burguesía y la pequeñoburguesía bienpensante, la crisis es una "catástrofe". Por eso busca "alternativas y emprendimientos de emergencia", no para superar históricamente al capitalismo, sino para "apechugar" frente a la crisis... cuya resolución no se plantea por la vía de la acción política de la clase obrera y de los explotados sino por otras, es decir por vías capitalistas.
Su horizonte intelectual no supera, pues, al de un puntero... con el que coincide en la promoción del trueque.